La nostra companya Amparo Camps guanya el concurs de literatura eròtica convocat per les Merudes d’Ontinyent

QUIETUD

Siempre estaba en los sueños de todas las amigas casarse y tener hijos, yo solo anhelaba encontrar a la persona que me hiciese pasar la noche más excitante de mi existencia, un deseo como comerse un helado a las cuatro de la tarde cuando más aprieta el calor.

Un día lluvioso encontré un viejo conocido en una cafetería. Xabi estaba amargado, él había llevado una azarosa vida. Una noche cuando estaba robando la recaudación de la caja de una gasolinera, recibió un disparo y a consecuencia del mismo quedó parapléjico. Cuando salió de cuidados intensivos, estuvo una temporada en la cárcel hasta que el
funcionariado decidió solicitar al juez su libertad, ya que no podía acceder a ninguna dependencia, patio, comedor, enfermería…

Subimos a casa, se puso cómodo porque al estar muchas horas sentado en su silla de ruedas quiso cambiar de posición, con gran habilidad consiguió abrir el sofá-cama, y poder descansar.

Me pidió que me sentara a su la lado, me mostró sus brazos musculosos y seguros, sin saber a qué impulso obedecía puse mi silla paralela al sofá-cama. Él con destreza me ayudó cogiéndome de la cintura del pantalón con una mano y a la altura de las rodillas con la otra mano, puso una carpeta entre el sofá y la silla para desplazarme con más facilidad al sofá-cama, luego con un tirón de piernas, ya estábamos los dos juntos.

Solo nos mirábamos, nos deseábamos y empezamos a acariciamos por todo el cuerpo, poco a poco se iba acelerando el ritmo respiratorio. Luego yo me puse a juguetear entre sus brazos y al rozar sus orejas se estremeció, el fuego de la pasión corría como la pólvora por nuestras venas, sentados uno frente al otro, nuestros cuerpos desnudos sienten un sofocante calor, de repente, se acerca besa mi boca con extremada pasión, se desliza por el cuello, hasta llegar a mis pezones que roza con delicadeza, mientras su mano acariciaba, encendía mi piel. Seguidamente mordisqueo su cuello, hombros y succiono sus pezones hasta tenerlos fuera en los labios mordiéndolos lentamente hasta que empieza a gemir de placer. Descubrí su parte más erógena… Acaricio su cuerpo, me detengo en el sexo, no se pone erecto pero no importa. Lo tomo entre mis manos e inclino mi cabeza hacia él, porque sé que tan solo el gesto le hará sentir una gran excitación. Mi lengua empieza a lamerlo, mientras mis inquietas manos juguetean con sus testículos, los cuales mordisqueo con mis labios muy suavemente. Sentimos como nuestro jadeo se torna cada vez más agitado y nuestros corazones crepitan con mucha fuerza.

Me mira a los ojos y veo en su mirada que está por completo embriagado de gozo y placer que me incita una mayor e incontrolable excitación con solo mirarle, me provoca mucha apetencia para que una y otra vez me bese. Empieza a besar mis muslos, abre mis piernas con máxima dulzura y siento su aliento fogoso que se acerca más y más, hasta sentir como sus labios, su lengua, lame mi ansioso clítoris, haciéndome sentir una excelsa delicia.

Eternizamos los instantes sin importarnos el tiempo, hasta que siento en mí ese asombroso orgasmo, que hace vibrar todo mi cuerpo de placer. Luego me abraza muy vigorosamente.

Mientras, yo continuo extasiada de la agilidad de sus dedos que serpentean todos los huecos de mi cuerpo, así fundidos en un gran abrazo permanecemos juntos, hasta que su cuerpo húmedo se estremece de placer. Extasiados nos miramos con cariño, la felicidad embarga nuestros cuerpos cansados, han vibrado, han gozado…

Tenía que marchar.

Él acercó su silla, quería alcanzar su mochila de piel marrón que estaba colgada en el respaldo de su silla de ruedas, sacando un neceser de aseo donde llevaba todos sus utensilios de sondaje, bolsa de orina, la tira adhesiva, el colector de orina. En una bolsa precintada saca la sonda-pre-lubricada, necesitaba ir bien preparado para el viaje de vuelta a casa, realizó con gran facilidad y técnica todo el proceso del auto-sondaje- permanente.

Nos levantamos con más dificultad, pero lo conseguimos entre risas y gran esfuerzo.

Amaneció el día iluminado, solo lo veía yo… fuera llovía.

Amparo Camps Ferrandíz

Amb la col·laboració de la
Conselleria d’Educació, Universitats i Ocupació

 Conselleria d’Educació, Cultura i Esport